Asumir el riesgo de lanzar un nuevo producto se traduce en competitividad empresarial

Publicado por: Ofyde el 8 de Mayo de 2008 | General

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Ofrecer un nuevo producto al mercado conduce a una situación de competitividad respecto al resto de las empresas del mismo sector. Es una de las estrategias de empresa más extendidas en la actualidad. El éxito viene determinado por la realización de un adecuado análisis del mercado y de las funciones del futuro producto.

En la actualidad cuando un producto se asienta en el mercado ya existe otro producto que le sustituirá. Por ello las empresas, si quieren ser competitivas, deben renovarse constantemente.

El producto satisface una necesidad en el consumidor final y son los productos más punteros los que ganan los mercados o al menos tienen un lugar privilegiado en él. Innovar en producto, invertir en I+D, es por tanto imprescindible para diferenciarse.

A la hora de decidirse a ofrecer un nuevo producto, la empresa puede realizar un análisis de valor. El objetivo de realizar un análisis de este tipo es optimizar el Valor del producto, aumentando la calidad y las funciones útiles mientras se disminuye su coste. Para reducir costes se puede optar entre utilizar materiales más baratos, procesos productivos más eficientes o mejorar el proceso de montaje.

Los diseñadores del futuro producto deben plantearse además cuestiones como cuáles son las necesidades del mercado o posibles nichos de venta y los objetivos que van a determinar el valor del producto.

La atención del análisis del valor debe estar dirigida a la función principal del producto, no atendiendo a los productos en sí ni a las formas o procesos.

¿PRODUCTO O PROCESO?

Por norma general, las empresas condensan su atención en una primera fase en mejorar un producto o sacar uno nuevo y una vez definido, se centran en el proceso. También se hace de forma simultánea.

Este hecho “protege” a la empresa. Si tan sólo consolidas el producto corres el riesgo de que una vez asentado en el mercado, empresas competidoras se centren en su proceso permitiendo reducir costes, fabricar productos diversos en masa, acortando plazos y quedarse con el empleo.

Del mismo modo, si sólo nos concentramos en explotar al máximo los procesos, sin ofertar nada nuevo, perderemos oportunidades de negocio.

Lo ideal sería un perfecto equilibrio entre innovación en producto y en proceso. Esto se debe a que en los primeros momentos la innovación en producto es crítica, pero una vez que el producto se convierta en Diseño Dominante en el mercado, es la innovación en proceso la que va a marcar la diferencia entre los competidores.

Lo recomendable es, por tanto, un ciclo repetitivo de innovación en producto y en proceso, ya que una vez lanzado el producto es posible que siga evolucionando pero no serán cambios drásticos.

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